martes, 22 de septiembre
Qué es el Bemer
Cómo funciona, qué aparatos tenemos, los programas según lo que necesites y cómo se combina con la polaridad.
Qué es
El Bemer es un aparato que trabaja sobre la microcirculación: el movimiento de la sangre por los vasos más pequeños del cuerpo, los que llegan hasta los tejidos.
El nombre viene del inglés Bio-Electro-Magnetic-Energy-Regulation. Dicho de otro modo: un campo electromagnético de baja intensidad, aplicado con un ritmo concreto, para acompañar algo que el cuerpo ya hace solo.
Cómo funciona
Cuando pensamos en circulación pensamos en el corazón y en las arterias grandes. Pero el trabajo fino lo hacen los vasos diminutos —capilares, arteriolas, vénulas—, que son la inmensa mayoría de la red y los únicos que tocan las células de cerca. Son los que llevan oxígeno y nutrientes y los que se llevan los residuos.
Esos vasos pequeños tienen una pared con músculo, y ese músculo se contrae y se afloja con un ritmo propio. Ese movimiento es el que empuja la sangre en la última milla.
Lo que hace el Bemer es estimular ese ritmo. El aparato emite una señal electromagnética pulsada, de muy baja intensidad, pensada para que ese movimiento sea más amplio y más regular. No calienta, no se nota y no hace falta quitarse la ropa.
Los aparatos que tenemos
Tenemos tres aplicadores, y se elige según dónde hay que llegar:
La colchoneta. El grande, para todo el cuerpo. Te tumbas encima, vestido, y el campo llega de la cabeza a los pies. Es la aplicación general y la que usamos más.
El cojín. Más pequeño y flexible, para poner sobre una zona concreta —un hombro, una zona lumbar, una rodilla— cuando lo que conviene es trabajar de manera más local.
El aplicador de punto. El más pequeño y el más intenso de los tres, para un área muy delimitada.
Los programas
No es todo igual para todo el mundo. El aparato tiene programas de duración e intensidad distintas, de unos 8 minutos los más cortos hasta unos 20 los más largos, y se elige según qué buscamos y cómo estás ese día.
Los programas cortos y suaves van bien para empezar y para quien es sensible; los más largos, para un trabajo más de fondo. La intensidad también se gradúa. Como siempre, lo decide la terapeuta después de valorar cómo te encuentras.
Solo o con polaridad
Se puede hacer solo, como sesión propia y corta, cuando es lo que conviene.
Y se puede hacer dentro de una sesión de polaridad: mientras el cuerpo descansa en la camilla y se trabaja con las manos, el Bemer va haciendo su trabajo debajo. Van en la misma dirección —acompañar al cuerpo para que el movimiento vuelva allí donde se había frenado—, uno desde el contacto y el otro desde la circulación.
Para qué va bien
Todo lo que pasa en el cuerpo depende de que llegue lo que tiene que llegar y se vaya lo que tiene que irse. Por eso una microcirculación que se mueve bien es un buen punto de partida para casi todo: recuperarse de un esfuerzo, descansar mejor, sentir las piernas menos pesadas, acompañar un proceso que va lento.
Las personas que lo usan con regularidad se recuperan antes y duermen mejor.
Se hace vestido y en reposo. Se puede hacer a cualquier edad. Si hay alguna condición de salud que haya que tener en cuenta —o si llevas un marcapasos u otro dispositivo implantado—, hay que decirlo antes de empezar.
