martes, 22 de septiembre
Qué es la auriculoterapia
La oreja como un mapa del cuerpo. De dónde viene, en qué se fundamenta y de qué maneras se puede trabajar: semillas, agujas o estimulación de puntos.
Qué es
La auriculoterapia trabaja estimulando puntos concretos de la oreja. Parte de una idea sencilla: la oreja no es una pieza aislada, sino una parte que reproduce el esquema del cuerpo entero. Como una maqueta pequeña de algo grande.
Por eso, trabajando sobre un punto de la oreja se puede acompañar una zona que queda lejos de ahí. No es magia: es la misma lógica que hace que en una parte pequeña se lea el conjunto.
De dónde viene
Tiene dos orígenes que confluyeron.
Por un lado, la tradición china, que lleva siglos usando puntos de la oreja dentro de la acupuntura.
Por otro, el doctor Paul Nogier, médico de Lyon, que en los años cincuenta observó algo curioso en pacientes suyos: tenían una marca en la oreja tras un tratamiento popular para la ciática. Tirando del hilo, acabó dibujando un mapa completo: la oreja vista como un cuerpo en posición fetal, boca abajo, con el lóbulo correspondiendo a la cabeza y el borde superior a la columna y las piernas.
Los dos sistemas —el oriental y el occidental— se fueron cruzando y hoy se usan ambos.
En qué se fundamenta
- La oreja es un sitio muy bien conectado. Llegan a ella ramas de varios nervios, entre ellos el nervio vago, que comunica el cerebro con buena parte de los órganos. Es una puerta de entrada poco habitual y muy accesible.
- El mapa se repite. Cada punto de la oreja tiene su correspondencia, y el mapa es el mismo en todo el mundo. Eso permite trabajar de forma ordenada y no al azar.
- Los puntos se hacen notar. Cuando una zona del cuerpo pide atención, el punto que le corresponde suele estar más sensible al tacto o cambiar ligeramente de aspecto. Encontrarlo forma parte del trabajo.
Las maneras de trabajarla
No hay una sola manera. Se elige según la persona, el momento y qué se busca.
Las semillas o las bolitas. Unas semillas pequeñas —tradicionalmente de vaccaria— o unas bolitas, sujetadas con un esparadrapo discreto sobre el punto. No pinchan. Te vas de la consulta con ellas puestas y solo hay que acordarse de presionarlas suavemente un rato al día; se caen solas a los pocos días. Es la manera más suave, y la que permite que el trabajo continúe en casa.
Las agujas. Agujas muy finas y cortas, aplicadas un momento en el punto elegido. El estímulo es breve y la sensación suele ser de un pinchacito o de calor. Es la vía más directa.
La detección y la estimulación con aparato. Un aparato que recorre la oreja y localiza los puntos —los detecta por un cambio en la resistencia eléctrica de la piel— y que después puede estimularlos con un impulso muy suave. Tiene dos ventajas: encuentra el punto con precisión y no hace falta pinchar nada. Va especialmente bien con quien tiene aprensión a las agujas y con los niños.
Los dedos. Presión y masaje sobre el punto, sin nada más. Sencillo y sin material, útil para empezar o para hacer en casa.
Sola o acompañando
La auriculoterapia se puede hacer sola, como sesión propia, cuando es lo que conviene.
Y se puede integrar dentro de una sesión de polaridad, que es como la hacemos más a menudo: mientras el cuerpo se relaja en la camilla, se trabajan también los puntos de la oreja. Las dos cosas van en la misma dirección —acompañar al cuerpo para que recupere su ritmo— y sumarlas suele dar más recorrido a la sesión.
Quien decide la combinación es la terapeuta, después de valorar cómo te encuentras. No hace falta que elijas nada antes de venir.
