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martes, 22 de septiembre

Qué es la terapia de polaridad

Qué es, de dónde sale, en qué se fundamenta y qué busca. La terapia de polaridad de Randolph Stone, explicada de manera clara.

polaridadRandolph Stone

Qué es

La terapia de polaridad parte de una idea: además del cuerpo que se puede ver y tocar, hay un flujo de energía que lo recorre y que lo va informando. Randolph Stone lo llamaba anatomía inalámbrica: un recorrido que no sale en ninguna radiografía, pero que pasa por caminos concretos y repetidos, los mismos en todo el mundo.

Ese flujo no va a chorro ni en línea recta. Funciona como un circuito y late: circula entre un polo positivo y uno negativo, con un punto neutro en medio, y lo hace con un ritmo, a pulsaciones. De ahí el nombre, polaridad.

Stone no se lo inventó. Lo fue recogiendo de la experiencia escrita en Oriente —sobre todo en la India— y lo cruzó con lo que sabía del cuerpo como estructura.

Quién fue Randolph Stone

Randolph Stone (1890–1981) nació en Austria y de joven emigró a Estados Unidos, donde se formó en osteopatía, quiropráctica y naturopatía. Ejerció más de cincuenta años, sobre todo en Chicago, y viajó a menudo a la India para estudiar la medicina ayurvédica y otras tradiciones.

Dedicó medio siglo a ordenar todo eso en un solo cuerpo de trabajo, que dejó escrito en Polarity Therapy (vol. I y II), publicado por CRCS Wellness Books en 1987.

De dónde salen estas ideas

Para explicar cómo entiende el cuerpo, la polaridad toma prestados conceptos de otros campos. Vale la pena conocerlos, porque son el vocabulario con el que está escrita:

  • El campo. En física, un campo es una influencia que ocupa un espacio y actúa a distancia, sin contacto: el campo magnético de un imán, por ejemplo. Aplicado a los seres vivos se llama biocampo.
  • Electricidad y magnetismo. El cuerpo genera corrientes eléctricas que se pueden medir, y toda corriente lleva asociado un campo magnético.
  • Holografía y fractalidad. La idea de que una parte pequeña puede reproducir el esquema del conjunto.
  • Los circuitos. Stone no habla de energía en general: describe recorridos concretos, con sus polos y sus puntos de paso, que se repiten en todas las personas. Eso es lo que permite trabajar de forma ordenada y no al azar.
  • El ritmo. El flujo no es constante: late. Por eso la sesión no fuerza nada, sino que busca el compás de cada cuerpo.

Y hay algo que conviene decir claro: qué es exactamente lo que circula —lo que en la India llaman prana y en China chi— todavía no está caracterizado. Está el marco, están los siglos de experiencia y está lo que cuenta la gente que pasa por ello; el mecanismo, todavía no. La polaridad trabaja con ese marco y con esa honestidad: no promete lo que no puede demostrar.

Qué busca

La mirada de fondo es holística: el cuerpo no funciona por piezas ni por turnos, sino todo a la vez y al instante. Lo que pasa en un sitio se nota en otro.

Desde ahí, el trabajo de la sesión es conectar esos circuitos para que el flujo vuelva a pasar allí donde se había detenido. Y con el flujo, la información que lleva. Porque a menudo lo que lo bloquea es una respuesta de defensa: ante algo que el cuerpo ha vivido como una agresión —un golpe, una enfermedad, un susto, una época dura— se activa una protección que, si se queda atascada, se nota como tensión, dolor o cansancio que no se va.

No se trata de corregir el cuerpo por la fuerza, sino de acompañarlo para que recupere su propio ritmo.

Cómo se trabaja

Stone no lo planteó como una sesión aislada, sino como cuatro maneras de acompañar que se complementan:

  1. El contacto manual. Es lo que se hace en la consulta: presiones suaves y sostenidas en puntos concretos, con atención a la respiración y al ritmo de cada persona.
  2. El movimiento. Unos estiramientos sencillos —lo que él llamó polarity yoga— pensados para hacer en casa, sin exigencia ni acrobacias.
  3. La alimentación. Pautas sencillas y de sentido común, adaptadas al momento de cada persona.
  4. La actitud. La atención a lo que uno siente y a cómo se lo cuenta, que es parte del proceso y no un añadido.

En la consulta, el peso se lo lleva el contacto manual. El resto aparece cuando tiene sentido, y siempre como sugerencia.

Cómo es una sesión

Se hace vestido y tumbado en la camilla, en un espacio tranquilo. No hay manipulaciones fuertes ni movimientos bruscos: el contacto es suave y sostenido. Lo que se suele notar es calor, hormigueo o simplemente que el cuerpo se afloja. Mucha gente se duerme.

Se puede hacer a cualquier edad, desde los más pequeños hasta la gente mayor. Si hay alguna condición de salud que haya que tener en cuenta, basta con decirlo antes de empezar.


Para leer más: Randolph Stone, «Polarity Therapy» (vol. I y II), CRCS Wellness Books, 1987.

Los dos conceptos que más cuestan —la ley de Faraday y la fractalidad— los explicamos aparte, con calma, en «Faraday y los fractales, en palabras llanas».

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